Educadores21

Educación para el S.XXI

Martes, 22 febrero 2011
by Víctor Cuevas
14 Comments

El futuro no vende; la Educación tampoco

Hace muchos años que vengo observando en nuestros adolescentes y jóvenes la escasa motivación que tiene el futuro para ellos. El futuro no vende, no es un valor tangible y no tiene buena prensa. Podemos argumentar que siempre ha sido así para los adolescentes, algo totalmente comprensible en atención a sus intereses y a su momento vital, pero no estoy pensando exclusivamente en ellos, sino en jóvenes que tienen en su haber estudios superiores y una gran preparación detrás y que, por tanto, han dejado atrás la etapa adolescente. En realidad, tenemos las generaciones de jóvenes mejor preparadas de la historia, con las peores expectativas laborales y personales posibles de modo que pueden ser las primeras generaciones que van a vivir peor que sus padres. La gravedad del tema es tal que debería estar en la agenda política pero, para el asombro de profesionales y ufanos, de esto no se habla, al menos en los partidos políticos.

Puestos a pensar mal, podría pensar que quizás el hecho de que los políticos tengan garantizados unos privilegios (sueldos, pensiones, dietas, coches oficiales, gastos de transporte, billetes en 1ª clase…) que suponemos redundarán en beneficio de sus descendientes y de que sus hijos disfrutan de una excelente educación privada con todos los medios puede hacer que no tengan un excesivo interés en la Educación… de los demás. Naturalmente, hay excepciones y la generalización es injusta. Sin embargo, hace pocos días Durán i Lleida nos recordaba que  si queríamos una cámara de funcionarios y gente pobre íbamos por el mejor camino, haciendo alusión a las críticas vertidas desde la sociedad civil al patrimonio y privilegios de los políticos españoles, apelando a que nuestros políticos estén bien preparados y pagados para ejercer las responsabilidades que tienen encomendadas (sic).

Sólo puedo entender el desprecio a la Educación de la clase política desde el paradigma anterior porque me niego a pensar que estemos ante una estrategia deliberada para que el nivel de estudios alcanzado por los ciudadanos españoles sea bajo en comparación a los países de nuestro entorno. Un nivel de formación bajo garantizaría que el sistema político actual siga como hasta ahora, forjando una sociedad donde las desigualdades aumentan, los parados también y los beneficios del estado del bienestar sólo puedan disfrutarlos un porcentaje de la población. En este contexto, la apuesta por una Sociedad de la Información y del Conocimiento pasa por la Educación, algo que no ha calado todavía en nuestros políticos aferrados, en sus prácticas, en analizar la sociedad en términos de sociedad industrial, con sus instituciones, sistema productivo, estructuras políticas, etc.

Si además, comprobamos que la Educación no merece más que unas disposiciones adicionales en leyes de economía en estos momentos de gravedad, me temo lo peor. ¿Por qué se nos hurta un debate en profundidad sobre el modelo educativo en el que la opinión de expertos y profesionales del mundo educativo sea tenida en cuenta? Saquen las conclusiones al respecto.

Trabajo como orientador en un centro público de secundaria y me preocupa la falta de expectativas que encuentro en un número cada vez mayor de jóvenes. Empiezo a no tener argumentos cuando me dicen cosas como éstas:

Para qué voy a estudiar si mi hermano mayor que estudió en la Universidad está en paro y sigue viviendo con nosotros

Profe, a mi los estudios no me interesan porque no me sirven para nada. Mi hermana estudió, trabaja como teleoperadora y gana una mierda. Para eso, no hace falta estudiar.

Evidentemente, siempre digo a mis alumnos que los jóvenes con estudios universitarios están en mejores circunstancias que los que no los tienen para afrontar una crisis como la que estamos atravesando. Siempre apelo al futuro, sabiendo lo poco que vende, para que no tiren la toalla… pero muchas veces tienen razón.

Tener 30 años, carrera universitaria, un doctorado, ganar menos de 1000€, trabajar en empleos precarios, trabajar en empleos de menor cualificación que la formación recibidatener como única opción hacer prácticas… no permite hacer realidad un proyecto personal. España es el país de la Unión Europea donde los jóvenes se emancipan más tarde, uno de los más bajos en porcentaje de jóvenes con estudios superiores y con una de las tasas de fracaso escolar más altas, el índice de paro juvenil duplica a la media de Europa y, últimamente, uno de los que más exportan cerebros. Mientras tanto, los Gobiernos en España reducen el gasto en Educación y también el de Investigación, Desarrollo e Innovación.

¿Razones para el optimismo? Ninguna, me temo.

Soy pesimista o quizás soy un optimista bien informado. No percibo que a nuestros Gobiernos les importe lo más mínimo unas generaciones de jóvenes con el derecho a soñar, sabiendo la parte de esfuerzo personal que eso conlleva, desde luego. No veo en los partidos políticos tradicionales el más mínimo resquicio de que importe la Educación en la medida que se ésta se merece, más aún en tiempos de crisis. Lo peor es que cuando éramos los “campeones del mundo” en creación de empleo y nuestro PIB iba a superar al de Francia, el gasto en Educación no aumentaba significativamente. Lo que ha importado durante años ha sido construir, hacer pisos, chalets, urbanizaciones, campos de golf y otras infraestructuras, algunas imprescindibles, otras absolutamente caprichosas. El crecimiento económico basado en el ladrillo ha generado bienestar pero también ha generado la crisis actual, no lo olvidemos. Hemos necesitado abundante mano de obra poco cualificada y, con la excusa del crecimiento, hemos mirado hacia otro lado mientras el sistema educativo seguía como siempre, sin adaptarse al futuro, sin pensar en el mañana.

Ahora que  la construcción ha dejado de ser el motor de la economía urge pensar en un sistema educativo que ayude a nuestros jóvenes a creer en el mañana, a tener futuro, a pensar en que los sueños puedan hacerse realidad, no porque la genialidad surja por generación espontánea, sino porque desde la Escuela se siembra para que nuestros jóvenes sean emprendedores, asuman retos, investiguen, desarrollen nuevos campos y nuevos negocios, creen en un mundo mejor, donde quepan todos… Nuestros jóvenes tendrán que desarrollar sus proyectos personales en una sociedad abierta, dinámica, global, con fuerte presencia multicultural… donde Internet será unos de los ejes. Desconocemos en qué trabajarán pero es seguro que si no están preparados para hacer frente a lo que viene, a lo que está llegando, estarán al margen.

Quisiera invitar a los políticos a que pisen las aulas de las Escuelas, no para inaugurar centros y hacerse fotos sino para estar un mes y conocer los problemas de cerca, como Carlos Cabanillas propuso a la Consejera de Educación de la Junta de Extremadura. Otro gallo nos cantaría, sin duda.

Es tiempo de invertir en Educación. Es tiempo de Kambio.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Lunes, 13 diciembre 2010
by Víctor Cuevas
86 Comments

La tortura de los deberes

Hace tiempo que vengo reflexionando sobre la utilidad de los deberes, de modo especial en Infantil y Primaria. Como maestro que soy, siempre he mandado deberes a mis alumnos, unos deberes que complementaran algo de lo visto en clase o que motivaran a seguir investigando para después continuar en la clase con la actividad. Jamás los deberes los he planteado para trabajar en casa lo que no he podido trabajar en el aula, no es el objetivo. He de aclarar que nunca he usado libro de texto, así que los deberes que he mandaba no eran del tipo:

Página 45, ejercicios 1, 2, 3 y 4 (copiando el enunciado en el cuaderno)

Memorizar la lista de verbos hasta el “to take”

Aprenderse los ríos, cordilleras y pantanos de la C. de Madrid…

Mis deberes eran más bien del tipo:

Pregunta a tus padres o abuelos una adivinanza y mañana nos la cuentas.

Busca una poesía que te guste y te la aprendes para que nos la cuentes en clase

Escribe una pequeña redacción sobre el tema que hemos visto en clase

Apréndete el papel que vas a representar en la obra de teatro

Resuelve el problema semanal…

Los deberes no son malos en sí mismos, desde luego porque pueden ayudar a mantener el hilo de algo que se trabaja en clase y porque ayudan a crear un hábito de trabajo. Los deberes refuerzan los aprendizajes que se adquieren en el aula, sin duda. Pero para que los deberes sean educativos y cumplan esa función, tienen que tener relevancia con lo que se trabaja en clase y no ser una mera repetición automática de lo mismo. Ya sé que para aprender las tablas de multiplicar hay que aprenderlas de memoria y que hay que mandar deberes en este sentido, pero hay formas de hacerlo que motivan y formas que no. Además, los deberes deben estar acordes con las capacidades de los niños. Me sorprendo cuando veo contenidos que van mucho más allá de las capacidades cognitivas que tienen los niños para entenderlos.

Además, es imprescindible que los niños jueguen, desarrollando así su personalidad a través del juego y que cultiven sus intereses con el deporte, la música, el arte… Desgraciadamente, es habitual que los deberes estén sobredimensionados, ocupando la mayor parte de la tarde ignorando que las jornadas de nuestros niños comienzan en la mañana y acaban en la tarde. Como premio, tras llegar a casa y merendar, a seguir con lo mismo. ¿En qué país vivimos?

Recuerdo una infancia feliz en la que pasaba todo el tiempo jugando y aprendiendo cosas importantes.

Hoy día es imposible plantearse que un niño de Primaria se pueda plantear la tarde disfrutando de su infancia, del juego y de la socialización. Los deberes (y el exceso de actividades extraescolares) lo impiden.

Los ejercicios 6, 7 y 8 en lápiz en el libro

Los ejercicios 10, 11 y 12 en el cuaderno, copiados en azul y contestados en lápiz.

Copia el esquema en el cuaderno

Estudia de memoria los “recuerdas” de todo el tema

El planteamiento actual de los deberes es una barbaridad, es una tortura que implica a los niños y sus familias. Listas interminables de ejercicios repetitivos, sin aparente lógica que la de “acabar el programa/tema”, en los que sólo se trabajan conceptos memorísticos y está ausente el desarrollo de las competencias, desde luego. Es tal la cantidad de deberes y la exigencia de los mismos, que las familias tenemos que hacer los deberes con nuestros hijoss para que éstos acaben alguna vez, animándoles en sus enfados, sus cansancios, sus rabietas, sus frustraciones porque quieren jugar. Es tal la cantidad de deberes que el estrés por acabar inunda la tarde. Me pregunto si los maestros aficionados a mandar tantos deberes “porque tienen que aprender a esforzarse” se ponen en lugar de los niños y sus necesidades.

Para más inri, se da el caso de que en algunas de esas listas de ejercicios “se cuela” alguno que pone algo así como:

En grupo, haced esto o aquello…

- Hija, aquí pone hacer “en grupo”

- No papá, la profe ha dicho que lo hagamos individualmente

Este tipo de deberes está directamente ligado al hecho de usar el libro de texto como prácticamente el único referente del aprendizaje en el aula y como, de facto, el currículo oficial. El libro de texto, con sus interminables listas de ejercicios, con un planteamiento unidireccional pensado para que el lector responda lo que se pide ciñéndose a los contenidos, está directamente relacionado con una enseñanza tradicional, transmisiva, repetitiva y memorística. El uso del libro de texto no permite desarrollar competencias en los alumnos y limita el tipo de aprendizaje al repetitivo. No nos engañemos, el libro de texto y los deberes van en el lote. Habrá excepciones, desde luego, pero son minoritarias.

En este país nuestro, desgraciadamente, con saber usar un libro de texto y mandar deberes, muchos piensan que enseñan. Me duele decir esto, pero lo siento y lo sufro a diario, viendo como mis hijas han consumido muchas horas de la infancia clavadas todas las tardes a la mesa haciendo los deberes, eso sí, en aras de su aprendizaje, un aprendizaje que se iba tan rápido como venía.

Como padre y maestro reivindico unos deberes ligados a una enseñanza distinta, en la que aprender no sea aburrido, en la que investigar y descubrir el mundo sea el eje sobre lo que todo pivota y, desde luego, en estas edades, dejen tiempo para vivir, para jugar, para aprender, para ser felices.

Continue Reading →

Miércoles, 1 diciembre 2010
by Víctor Cuevas
48 Comments

Chicos que molestan

Hace muchos años que un maestro me dijo que con los chavales difíciles son necesarias por nuestra parte “sangre, sudor y lágrimas”. Sorprendido por aquella aseveración, pregunté si no debería ser al revés. En absoluto, contestó, somos nosotros los educadores quienes tenemos que hacer el esfuerzo de entender, comprender y educar a esos chavales (junto a sus familias) y esa tarea es muy difícil, te hará llorar más de una vez, te exigirá un esfuerzo adicional pero después te reconfortará como ninguna otra porque habrás conseguido algo muy importante.

Rara es la semana que no hablo con compañeros, buenos profesores, apasionados por su trabajo, que no me dicen que tienen problemas con alumnos que molestan, que les quitan las energías por las veces que interrumpen, que están desmotivados por lo que se hace en el aula y que consiguen, con su actitud, desmotivarles a ellos mismos. Es una realidad que ha existido siempre, aunque quizás en diferentes proporciones. Lo cierto es que algunos chicos molestan en clase, manifiestan conductas disruptivas constantemente y dificultan el trabajo del profesor y el aprendizaje del resto de los alumnos.

Abordar la problemática de estos alumnos disruptivos desde el enfoque de la disciplina es una reducción que no ayuda a solucionar el problema, aunque en el corto plazo nos sirva para quitarnos de en medio a un alumno concreto. Como decía mi abuela, “muerto el perro, se acabó la rabia” pero tras una expulsión de clase, incluso del centro educativo, ese alumno volverá al aula con mayores, si cabe, ganas de seguir molestando, entrando en un bucle que no se acaba. La expulsión tiene muchos beneficios secundarios para los alumnos y también para los profesores.

En los últimos años, han aparecido numerosas iniciativas encaminadas a abordar la convivencia en el aula de una forma más sistémica y, sobre todo, a solucionar los problemas de disciplina desde enfoques no sancionadores. La mera imposición de sanciones, por sí sola, no resuelve el problema de convivencia en las aulas aunque sea la opción mayoritaria que usamos los profesores. Como decía, iniciativas como la mediación escolar, la resolución de conflictos entre iguales, las aulas de convivencia y otras muchas, dan fe de que existen formas alternativas para abordar este problema. El denominador común de estas iniciativas suele ser la implicación activa de alumnos y profesores, en la resolución de los conflictos en el centro, con formas alternativas de abordar los problemas.

El uso de sanciones como eje vertebrador de la convivencia tiene muchas limitaciones. Habrá que sancionar aquellas conductas especialmente graves, sin duda, mostrando de esta forma la gravedad de las mismas. Sin embargo, en el día a día, se aplican las sanciones a todo tipo de conductas, sin discriminar la gravedad o importancia de las mismas. El efecto conseguido es el aumento de las expulsiones de las aulas y de los centros educativos sin que haya la más mínima contención en las conductas que las provocan. Es como si el médico nos recetara unas pastillas para la tos que no tuvieran eficacia alguna y al ir a la consulta nos diera más de lo mismo.

Los chavales que molestan conllevan un exceso de atención que hace que se sientan importantes, que se conviertan en populares dentro de los centros. Desde los jefes de estudio pasando por los tutores hasta los orientadores, dedicamos mucho tiempo a tratar con estos chavales, a ver cómo mitigar sus conductas, de forma que muchas veces dejamos de lado otras actuaciones ante el constante flujo de alumnos con problemática disruptiva en el aula. Nos pasamos demasiado tiempo apagando fuegos.

Desde un enfoque no sistémico, algo podemos hacer… pero poco

Detrás de las conductas disruptivas de los chicos que molestan hay muchos factores: problemas familiares, desmotivación escolar, falta de expectativas, baja autoestima… En un alto porcentaje, en la familia se encuentran circunstancias que favorecen las conductas disruptivas de sus hijos: problemas de estabilidad familiar, ausencia de alguna figura (paterna o materna), falta de pautas de crianza correctas, proteccionismo, falta de límites adecuados, excesivo tiempo sin la presencia de los padres por sus horarios de trabajo, enfermedades, abandono, etc. Desde mi punto de vista, el trabajar con las familias debe ser el primer objetivo para poder cambiar las conductas de esos chicos, no para decirles lo mal que lo hacen sino para desde la escucha, proponerles un compromiso mútuo de cambio y de responsabilidad con sus hijos. Haré mucho hincapié en esto último. Las familias de chavales problemáticos suelen saber lo que tienen en casa y si sólo les recriminamos por este hecho, se ponen a la defensiva. Prefiero involucrarlos en un proceso de cambio en los que todos vamos a hacer algún tipo de actuación. En mi experiencia, hay un punto de inflexión en la que las familias de estos chavales pasan a pedir ayuda, a solicitar elementos de cambio, porque también sufren en casa las conductas de sus hijos. Estas familias, cuando se sienten escuchadas, suelen adoptar una nueva actitud frente a sus hijos aunque, también veo en ocasiones, que están tan cansadas que tiran la toalla.

Una vez que hemos abordado con la propia familia que existen problemas en el aula (y seguramente también en casa) tenemos que trabajar con el alumno en cuestión y con los profesores de éste. Con el alumno me interesa conocerle como persona en su globalidad, no sólo como el alumno que hace tal o cual cosa en el aula. Necesito tener una visión más amplia, es decir, desde sus amigos, relaciones sociales, uso de Internet, relaciones familiares, expectativas, atribuciones… hasta su vida como estudiante, su percepción de los estudios y lo que ocurre en el aula. No se trata de comenzar echándole una bronca para que se porte bien sino empezar conociendo a quien tengo delante y después averiguar porqué se comporta como se comporta. Este aspecto es clave, ya que la visión del porqué de las conductas de los alumnos es totalmente distinta a la que tenemos los profesores. En este proceso, el objetivo es que el alumno asuma la responsabilidad en sus conductas, que tome conciencia de porqué las realiza para después pasar a comprometerse con un cambio.

Naturalmente, para que estos dos procesos descritos no queden en sólo palabras es necesario tener claros algunos aspectos. Llegaremos a compromisos concretos, tanto con el alumno como con su familia, que revisaremos regularmente, y que dejaremos plasmados por escrito. En esos compromisos, igualmente, estarán los referidos al uso de servicios comunitarios, en caso de que sean necesarios, como talleres prelaborales, servicios de salud mental, educadores de calle, etc. Si queremos un cambio en algunas conductas de los chavales, tendremos que usar un método determinado (yo uso a Skinner) y un seguimiento semanal. A todos los acuerdos y compromisos a los que lleguemos, tenemos que involucrar al tutor, de forma que sea también una parte activa en el abordaje del problema ya que es la figura de referencia del alumno y su familias. Pero además del tutor, el resto de profesores deben involucrarse con el cambio porque si no no será efectivo. Si fuera tan sencillo como llegar a acuerdos entre familia y alumno con el orientador o el tutor, no habría problemas. La participación de los profesores del equipo docente será la llave a un cambio real con ese chaval. Así pues, los criterios de actuación con él deben ser comunes. En mi experiencia, aquí fallamos estrepitosamente, porque cada uno se hace una interpretación de lo que pasa y decide trabajar en su aula según su propio criterio, echando por tierra todo el trabajo realizado.

Luego está el problema de la desmotivación escolar de muchos de estos chicos. Perciben los estudios como algo aburrido y ajeno, que no les va a proporcionar ninguna llave para el futuro. Añaden a su desgana, el retraso en conocimientos académicos que hará progresivamente que su estancia dentro del aula sea únicamente interesante por encontrarse con sus amigos. El otro día uno de los alumnos expulsados de mi centro con el que hablo semanalmente me decía que hablara con él entre recreo y recreo porque así juega con sus amigos. Los estudios le importan bien poco pero sus amigos están en el centro. Por tanto, el reto es reenganchar a estos chavales al ritmo del aula, a que den valor a lo que aprenden. Cuando analizo las situaciones en las que ha habido problemas en las aulas, en muchas ocasiones, los problemas vienen motivados porque algunos profesores esperan que los alumnos estén en silencio todo el rato prestando atención a sus explicaciones sin moverse del sitio. Esta expectativa en Secundaria Obligatoria me parece una ilusión, una quimera, especialmente en el primer ciclo, máxime si el alumno permanece pasivo, sentado esperando a que, en el mejor de los casos, le pregunten, siguiendo las explicaciones en la pizarra o en el libro. De acuerdo que es lo que tienen que hacer, y con una mayoría de chavales esto funciona. Sin embargo, con los chavales que molestan, su propia desmotivación escolar les lleva a no soportar esa dinámica de clase y,en consecuencia, interrumpir.

Llegados a este punto, entramos en la cuestión de la gestión emocional del aula. Creo, sinceramente, que los profesores no estamos preparados para la gestión emocional del aula. Teniendo en cuenta la cantidad de interacciones que se producen en el aula, nos preocupamos casi exclusivamente en la tarea y el control de la disciplina y dejamos de lado el aspecto emocional. Sin un clima de aula adecuado no es posible el aprendizaje, algo que siempre intuí y ahora los científicos ponen de manifiesto. Los profesores no estamos formados en este aspecto y no sabemos interpretar las interacciones del aula en clave emocional. Desconocemos las emociones de los chavales y tampoco las sabemos encauzar. La inmensa mayoría de las veces, además, ocultamos cómo nos sentimos frente a lo que ocurre dentro de clase. Creo que ganaríamos an autenticidad si fuéramos capaces de expresarnos emocionalmente, alumnos y profesores.

Desgraciadamente, con los chavales que nos ponen al límite, nos despegamos en ocasiones de nuestro rol profesional y entramos en una lucha sin cuartel dejando que nos afecte emocionalmente. ¿Cuántas veces se escuchan en pasillos o salas de profesores frases como “este alumno se las va a ver conmigo”? ¿Cuántas veces escucho en el despacho de orientación “ese profesor se las va a ver conmigo”? A muchos profesores se les hace muy cuesta arriba entrar en algunas aulas de Secundaria. No les falta razón pero el método que usan para superar la situación no sirve porque la expulsión tiene fecha de caducidad; ese alumno que molesta volverá al aula.

¿Podemos soñar con una Escuela sin chicos problemáticos?

Desde luego quienes trabajamos en la enseñanza pública y en las etapas obligatorias sabemos la respuesta: no. Pero es que, además, esos chicos que molestan tienen el derecho de aprender como el paciente fumador tiene el derecho de ser atendido por un médico. Desde hace unos años, la escolarización obligatoria llega a los 16 años y el derecho a permanecer en los centros de Secundaria se amplía hasta los 18 años. Así que habrá que buscar nuevas soluciones a un problema que ya es viejo, demasiado viejo.

Podemos aplicar viejas soluciones a nuevos problemas; podemos aplicar nuevas soluciones a nuevos problemas pero no podemos aplicar viejas soluciones a viejos problemas.

Entender cuál es la cultura del centro educativo nos va a ayudar a que abordemos los problemas de disciplina desde una perspectiva más amplia que la individual. Parece que los centros en los que hay un alto nivel de participación de la comunidad educativa y un alto nivel de motivación e implicación del profesorado, se dan unos niveles altos de aprendizaje y los problemas de convivencia se reducen drásticamente. En estos centros hay un alto grado de implicación de las familias (pero no sólo para organizar la fiesta de fin de curso) en la vida diaria, incluso entrando a participar en las aulas como colaboradores y ayudantes del profesorado. En estos centros educativos con menos conflictividad (excluyendo a los que seleccionan al alumnado socialmente, claro), existe una cultura del centro en la que se trabaja más en equipo, en la que se abordan los conflictos con la participación de toda la comunidad educativa, donde el centro se convierte en un referente emocional para los chavales y sus familias. Y dejo para el final algo muy importante: existe un liderazgo institucional y motivacional por parte de los equipos directivos.

Todas las comunidades autónomas en España han convocado concursos de buenas prácticas sobre convivencia, bueno, casi todas. Estas buenas prácticas son un ejemplo de que mis palabras no son teorías ni de que hablo de otros países. Hablo de colegios e institutos públicos, en su inmensa mayoría, que se han dado cuenta que no pueden seguir haciendo lo de siempre porque no funciona, sencillamente.

En Asturias tienen encuentros anuales sobre convivencia; Castilla y León premió a los centros destacados por las buenas prácticas; Aragón premia sus centros destacados; el País Vasco hace lo propio; Cantabria tiene sus premiados. En Madrid tenemos pocos ejemplos, al menos que yo sepa. Andalucía tiene un portal específico sobre convivencia con buenas prácticas y mucho más… podría seguir, basta con buscar en Google para ver que sí existen alternativas a la gestión tradicional de la convivencia promovidas incluso desde la propia administración. Luego hay alternativas, claro que las hay.

Pero me podéis contestar que es fácil mejorar la convivencia en centros donde apenas hay conflictos. Sin embargo, la mayoría de los centros de los que hablo tienen altos niveles de alumnos inmigrantes, de etnia gitana y de alumnado socialmente desfavorecido, en consecuencia, tienen muchos repetidores, un alto grado de fracaso escolar  y un alto grado de absentismo. Estos centros dan un giro radical en el abordaje de la convivencia al centrarse en el aprendizaje como motor del éxito y al cambiar la forma de gestionar los conflictos dentro y fuera del aula. Como una vez escuché a otro profesor:

Nada motiva más a un alumno que aprender.

No me extenderé más, pero es posible abordar el problema de la convivencia desde perspectivas globales, de centro educativo en las que los alumnos son parte de la solución y no sólo del problema.

Si otros han podido, ¿porqué nosotros no podemos?

REFERENCIAS

Comunidades de Aprendizaje. Página del movimiento en España. Sus centros se transforman buscando un sueño compartido por la comunidad educativa en el que el éxito y la convivencia son ejes del mismo. Centros adheridos al movimiento.

Colegio La Paz, de Albacete. Pasó de ser un gueto a un colegio con esperanza, alegría y mejores resultados. Un cambio apoyado desde la Administración Educativa.

Otra Escuela es Posible. Proyecto para soñar y transformar la Escuela.

Portales de convivencia de las Comunidades Autónomas:

Asturias, AragónGalicia, Andalucía, C. Valenciana, La Rioja, Cantabria, Cataluña, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Islas Canarias, Islas Baleares, Madrid, Navarra, País Vasco, Murcia, y de Ceuta y Melilla me ha sido imposible encontrar nada (dependen del Ministerio de Educación directamente pero no tienen portales específicos sobre el tema).

Domingo, 14 noviembre 2010
by Víctor Cuevas
11 Comments

Emoción, Educación y Twitter

Ayer sábado 13 de noviembre en Madrid hicimos una quedada un grupo diverso de profesores venidos de varios lugares de España. A todos nos une el uso de las TIC en las aulas y una pertenencia a Twitter, una red social peculiar que te permite expresarte usando sólo 140 caracteres y que como todas, te facilita el intercambio de pareceres entre las personas que agregas como amigas. Hasta aquí todo normal… ¿todo normal? Nada normal, diría yo…

Juan Carlos Guerra y Bernabé Martín, a los que doy las gracias, fueron los organizadores del encuentro que, desde luego, fue coordinado desde Twitter usando un hashtag (etiqueta) que permitiera a todos estar informados a cada momento de las novedades y, lo más importante, que permite tener en Internet la información de forma permanente. En nuestro caso, el hashtag elegido ha sido #quedadamadrid.

Como os decía, no es normal que profesores que en su mayoría sólo nos conocemos a través de Internet quedemos un fin de semana en Madrid para tener el placer de compartir un rato agradable y, sobre todo, ponernos caras, eso que ahora se llama desvirtualizar. Sin cursos de por medio, sin una obligación impuesta sino por el mero placer de estrecharnos, darnos un abrazo y contarnos en qué estamos metidos, el encuentro estuvo cargado de emoción, emotionware, que diría el amigo Fernando García Páez.

Personalmente, estos encuentros son vitaminas para seguir adelante en mi trabajo y en mi vida. La pasión que desbordan los compañeros, la acogida, el talante (ya sé que no está de moda) el humor, el trabajo… me hacen sentirme parte de un claustro virtual, de una familia de profesores que estamos trabajando con pasión y con ganas y necesitamos sentirnos partícipes de un grupo, de un proyecto, de un camino, sobre todo en  estos tiempos difíciles para la Educación. Así que Internet, y específicamente Twitter se está convirtiendo en el salvavidas de muchos de nosotros que encontramos en compañeros desperdigados por aquí y por allá afinidad en el trabajo, apoyo moral, causas comunes y mucho afecto. Además, tenemos la sensación de compartir un momento especial con la incorporación de las TIC en las aulas luchando por darle la vuelta a un sistema educativo que hace aguas por todas partes. Como reza la red social en la que compartimos los eventos, Potachovizados y allegados, mi claustro es la red.

Las redes sociales han llegado para quedarse y no son una moda pasajera. En Educación tienen un potencial enorme y el primero, indiscutiblemente, lo estamos viendo entre nosotros, los propios docentes que las usamos. En el caso de los que nos vimos ayer, usamos Twitter como vehículo de relación, de comunicación y, sin duda, de aprendizaje y colaboración. A través de Twitter lanzamos proyectos, pedimos ayuda, nos implicamos en tareas colaborativas, echamos una mano a quien lo pide, ofrecemos recursos, herramientas, información y experiencia. Es tal el caudal de información generado y la influencia de ésta, que me atrevería a decir que es mi principal canal de formación y la principal fuente de desarrollo profesional.

Mañana lunes, todos habremos vuelto a nuestros trabajos con una sensación ambivalente: tristes porque la quedada duró demasiado poco y alegres porque, por fin, nos conocemos en persona y podemos seguir estrechando lazos. Esa es la maravilla de las redes sociales, que unen personas por encima de todo. Como acabo de leer en Twitter de Gregorio Toribio, uno de los alma mater de la quedada:

Me quedé con ganas de haber hablado con más personas, de haber dedicado un ratito personal a más compañeros, de saber de us proyectos y sus vidas, pero éramos muchos y no fue posible dedicar tiempo a todos. No importa, ahora estamos más cerca unos de otros, sabemos que detrás de un nick hay alguien como yo y eso es maravilloso, sencillamente increíble.

Os dejo las fotos que saqué de la quedada, aunque no son las únicas porque hay un grupo en Flickr donde poder ver todas las fotos de la quedada.

¡Hasta la próxima, ha sido un placer!!

Sábado, 30 octubre 2010
by Víctor Cuevas
5 Comments

Para la libertad, homenaje a Miguel Hernández

Es uno de los poemas con más significado para mi: Para la libertad, de Miguel Hernández. Hoy, cuando se cumpliría el centenario de su nacimiento, sus versos inundan la Red, y esta es mi pequeña contribución personal.

¡Espero que os guste!

Puedes seguir en Twitter el hashtag #mhernandez2010 para ver las actividades sobre el poeta.

Poema: Para la libertad, de Miguel Hernández

Música: Joan Manual Serrat

Jueves, 14 octubre 2010
by Víctor Cuevas
37 Comments

Aprender no es aburrido… aunque nos empeñemos en lo contrario

Aprender no es aburrido, a pesar de que muchos profesores se empeñen en mostrar lo contrario. Aprender requiere esfuerzo, sin duda, pero no es aburrido, al menos, no lo es siempre como nos empeñamos insistentemente los profesores proponiendo en clase siempre las mismas cosas una y otra vez.

Tras dos días de clase, mi hija que estudia 2º de ESO volvió a casa contenta porque “un profesor había conseguido hacerles reír y preguntarles cosas personales” mientras que la mayoría se habían limitado a decirles lo importante y difícil de su asignatura, que tenían que estudiar mucho, bla, bla, bla…desde luego, que no fueran a clase sin libros de texto, patrimonio del saber que hay que memorizar adecuadamente en cómodas dosis para demostrar que se aprende. Sin embargo, unos días después se acabó la magia:

Papá, es un rollo, no hacemos nada más que estar sentados toda la mañana escuchando a un profesor detrás de otro…

No te preocupes, seguro que usáis los ordenadores, trabajáis en equipo, investigáis, vais al laboratorio, utilizáis Internet…

¡¡Qué dices!! Ni siquiera nos llevan a la sala de ordenadores. Todo el día en clase, como siempre. Encima con el bilingüe tenemos más horas… yo no quiero esto.

No estoy seguro de que los que estemos leyendo esta entrada y seamos profesores pudiéramos aguantar lo que pedimos a nuestros alumnos: concentración extrema para seguir explicaciones magistrales, toma de apuntes autónoma, interés infinito por nuestra asignatura, comprensión de la importancia capital de nuestra asignatura, exigencia de memorización de los contenidos, etc, etc. sólo porque tenemos que hacerlo, porque es nuestra obligación como estudiantes.

No estoy seguro de que la venta del porvenir ejerza el más mínimo estímulo sobre adolescentes que tienen su horizonte vital en el fin de semana y, además, son conscientes de la difícil situación de jóvenes preparados que no tienen trabajo (la tasa de paro juvenil en España es del 40%, el triple de la media mundial y el doble de la europea). “Estudia para ser algo en la vida” es un eslogan a la baja.

Estoy seguro, sin embargo, que nuestra sociedad no es la que nosotros vivimos cuando éramos adolescentes y teníamos interiorizados estos mensajes que aún hoy consideramos verdades reveladas. Vivimos en un país moderno, abierto, con ciudadanos de orígenes diversos y culturas diversas, en una sociedad que evoluciona rápidamente y que pide a sus ciudadanos que se adapten a los cambios.Una sociedad en la que las empresas buscan profesionales sin miedo a los retos, que sepan aprender y trabajar en equipo, que se centren más en las soluciones que en lo problemas, que innoven e investiguen, que hablen idiomas y viajen. Vivimos en una sociedad que si quiere superar el crecimiento basado en la construcción debería invertir en conocimiento, esto es, en Educación e Investigación. Lamentablemente, no es así.

Sin embargo, no encuentro explicaciones que justifiquen seguir haciendo en los centros educativos lo que se ha hecho siempre sin plantearse si esto tendrá algo que ver con la baja motivación del alumnado o con el desastre de nuestro sistema educativo. Llevo demasiados años escuchando únicamente la explicación de que los alumnos no estudian y las familias no apoyan, hechos que siendo ciertos con matices, no excluyen explicaciones más profundas que nos llevan al centro de nuestro trabajo: hacemos que el aprendizaje sea un auténtico aburrimiento, un tostón insoportable que sólo el paso del tiempo logra disipar.

Abrid el libro por la página tal. Fulano, lee. Os lo explicaré. ¿Lo habéis entendido?

Ahora haced estos ejercicios. Para mañana estos otros. La semana que viene, examen.

Seguimos usando la metodología expositiva como la principal en las aulas, ignorando que para aprender hay que ser activo, hay que experimentar, equivocarse, probar una y otra vez. Pretendemos que con la mera escucha y unos ejercicios de práctica, nuestros alumnos aprendan algo. Sinceramente, me parece milagroso que algunos aprendan en este contexto. Además luego está el problema de los que no están en absoluto interesados en lo que cuenta el profesor y comienzan otros problemas: conversaciones, distracciones, interrupciones, incidentes de mayor o menor gravedad… con lo cual el profesor tiene que dedicar una buena parte de su energía a mantener el orden en clase, desviándose de su cometido principal: que aprendan los alumnos.

Seguimos usando los libros de texto como única fuente del saber en la era de Internet, haciendo del cuaderno el lugar para tomar los apuntes, de la explicación y la pizarra la tecnología más avanzada. Hacemos del libro de texto y de su seguimiento a pies juntillas prácticamente el único cometido del profesor dentro de aula. Atrás quedaron los años de las bibliotecas de aula, de los proyectos interdisciplinares, de los talleres, de las asignaturas “prácticas”… hoy únicamente importa saberse de memoria no sé qué contenido que está plenamente accesible con un clic del ordenador.

Naturalmente, sería injusto generalizar esta visión a todo el profesorado, muy injusto. Existentes testimonios de tantos y tantos profesores que trabajan buscando otra Escuela que no puedo dejar de mencionarlos. Muchos de ellos, además, trabajan en redes como Aulablog, Espiral, Chiron, Novadors, Proyecto Grimm, DIM… son ejemplos de lo que hablo. Hacen de la red su claustro y de Twitter su medio privilegiado de comunicación, buscando el intercambio de experiencias y el apoyo emocional que muchas veces no encuentran en sus centros. Son testimonios de realidades, no de teorías, y un estímulo para seguir en el camino.

Aprender es motivador, es apasionante, es enriquecedor, abre la mente y provoca en los chicos que se maravillen del mundo. Sólo necesitan que les guiemos, les motivemos adecuadamente para que encuentren alicientes. Tenemos tantos ejemplos de cómo hacerlo usando las TIC conectando directamente con la experiencia personal de los alumnos como usuarios de tecnología que ver cómo se sigue trabajando como en siglos pasados me produce una profunda tristeza. Nuestros alumnos, nuestros hijos, conectados e inmersos en la tecnología del Siglo XXI cuando llegan al Instituto dan un salto en el tiempo y viajan al Siglo XIX. Entra en un aula vacía para escuchar durante horas a profesores hablando de temas importantes y ajenos. Durante este rato, se ignoran sus capacidades para trabajar con otros, para usar Internet, para gestionar la información multimedia y sólo se centran en el lenguaje oral como vehículo principal. Y así todos los días.

¿Dónde quedan todos los avances científicos respecto de las ciencias de la educación? ¿No es curioso que seamos uno de los pocos ámbitos de la sociedad en donde estos avances son sustituidos por las prácticas de los profesionales que ignoran estos avances? ¿Cuál es el efecto de las miles de horas de formación continua realizadas por el profesorado? Como comento muchas veces con compañeros, ¿estamos dispuestos a que nos traten un cáncer con las técnicas del S.XXI o preferimos usar las del S.XX?

Somos profesores del S.XX que damos clase como en el S.XIX a alumnos del S.XXI

Así que entiendo el aburrimiento de los chicos en las clases, su hastío y su falta de motivación. En su lugar, me sentiría exactamente igual. El sistema educativo actual es INSOSTENIBLE en su estructura, en sus contenidos, en su proyección, en su evaluación, en sus prácticas…en su profesorado también,  a pesar de la cantidad de testimonios de profesores que dan fe de otras prácticas en Educación.

Urge, a mi juicio, un auténtico debate sobre los objetivos del sistema y sobre sus medios, dejando atrás el posicionamiento partidista y el modelo actual como punto de partida. Urge plantearse si la Educación importa en un país de bajo crecimiento económico, altas tasas de paro y pocas expectativas de cambio. Urge repensar el papel del profesor y de los medios que Internet y las TIC suponen en la Escuela. Si pensamos en algo positivo de la crisis, es que hay que cambiar la forma de encarar el futuro. No se pueden aplicar las viajas recetas a nuevas situaciones.

P.D.

“Tenemos que endurecer las leyes educativas, dar más autoridad al profesor, mandar más deberes que nuestros alumnos estudian poco, exigir más compromiso a las familias, ser más exigentes con los aprendizajes escolares, permitir las repeticiones indefinidas de curso…”

Escuchado en los pasillos de un centro educativo. Más de lo mismo.

Lunes, 28 junio 2010
by Víctor Cuevas
20 Comments

Psicología 2.0

Durante este curso he estado impartiendo la clase de Psicología con herramientas 2.0 en vez de usar Moodle tal y como venía haciendo los últimos años. Aunque Moodle es una herramienta que me gusta, creo que en el planteamiento de la clase hay un exceso de control por parte del profesor y faltan componentes sociales del aprendizaje. Es por ello que durante el presente curso la clase ha tenido como eje principal el blog pero, ademas otras herramientas de la web 2.0 que paso a comentar.

PLANTEAMIENTO METODOLÓGICO

La clase de Psicología se imparte durante cuatro horas a la semana. Los estudiantes son alumnos de 2º de Bachillerato, con escasa experiencia previa en herramientas 2.0, exceptuando su participación en redes sociales. De las cuatro horas de clase, tres se imparten en un aula de informática con veinte ordenadores sin cañón y otra en la biblioteca. Combinamos actividades clásicas con las virtuales, yendo y viniendo constantemente a ambos planos. En general, el planteamiento de las clases es siempre el mismo: una actividad (o varias) para motivar, activar las ideas previas y centrar el trabajo; después, actividades de investigación, comentario, reflexión, producción de contenidos… en ese proceso, de duración variable, el profesor ayuda y asesora sobre búsqueda de contenidos, valida el proceso del trabajo concreto, corrige, da indicaciones… En cuanto a los agrupamientos, usamos todas las opciones: actividades individuales, por parejas, en pequeño grupo y en gran grupo.

Dos cosas importantes: el enfoque y el método científico. El enfoque de la asignatura es que les sirva para conocerse a ellos mismos un poco mejor, que aprendan a ser más felices. El método científico es imprescindible para poder conocernos desde los avances de la ciencia, dejando de lado supercherías y creencias parapsicológicas.

En cuanto a la evaluación, utilizo la retroalimentación constante de todas las actividades que hacemos. Todas las actividades tienen nota y sirven para la nota de cada trimestre. Los alumnos deben realizarlas todas ellas, además de tres lecturas específicas. He realizado algunos exámenes, pero no suele ser la forma habitual de evaluar.

EL BLOG

Psicoaraújo es el blog de aula sobre el que gira todo el trabajo cotidiano. El blog recoge las tareas que hay que realizar y en él publicamos todos, tanto los alumnos como yo mismo. Los alumnos tienen asignado el rol de autor para poder trabajar sobre sus entradas. Está montado en WordPress y contiene enlaces a buscadores científicos, páginas científicas de referencia y una página con tutoriales de herramientas 2.0. Para facilitar la publicación de trabajos, tenemos una página con las normas básicas.

Además, tenemos otra página con las tareas de aula para evitar que los alumnos se dispersen en el trabajo cotidiano y tengan una referencia concreta de lo que estamos haciendo en cada momento.

Hasta el momento, la actividad en el blog se resumen en estas estadísticas.

WIKI PSICOARAÚJO

Wikiaraújo se utiliza como repositorio de trabajos, apuntes, etc. Tiene un papel secundario en el trabajo cotidiano de clase. Está montado en Wikispaces.

HERRAMIENTAS GOOGLE

Utilizamos Gmail como correo, un Grupo de Google para la información privada (notas, asistencia, trabajos personales no públicos), así como GoogleDocs para compartir los criterios de evaluación de las actividades, notas, puestas en común, repositorio de información en investigaciones, etc. En los trabajos en grupo, los alumnos comparten Docs con recursos que encuentran, enlaces, etc. Por otra parte, es muy importante dar a conocer los criterios de calificación de las actividades que se proponen así como dar retroalimentación de todo lo que se hace en el blog, y no siempre es público.

OTRAS HERRAMIENTAS

Cada alumno tiene su propia cuenta en Delicious, Flickr, Youtube, Neositios o cualquier otro servicio que hemos usado, como Slideshare o Dipity. He optado por que cada alumno se cree su propia cuenta en servicios que van a seguir usando posteriormente al paso por mi asignatura, contribuyendo a construir su Identidad Digital. No obstante, tenemos una cuenta de aula tanto de Flickr como de Youtube.

DEBATES TRASATLÁNTICOS Y VIDEOCONFERENCIAS

Hemos realizado un par de debates usando Edmodo, un twitter privado, con el IES Felo Monzón de Gran Canaria, de la mano de Lola Carreño, profesora de Psicología en aquel centro. Edmodo permite crear grupos, subir archivos, hacer encuestas y en un entrono privado. La experiencia ha sido muy positiva, destacando la participación de los alumnos y la dinamización de los profesores a pesar de los problemas técnicos sufridos .

Por otro lado, tenemos programada una videoconferencia sobre “Robots y emociones” con el CITA, Centro Internacional de Tecnologías Avanzadas de Peñaranda de Bracamonte, como actividad extraescolar virtual.

CONCLUSIONES

  • El trabajo con herramientas abiertas permite que los alumnos vayan creando su portafolio (portfolio) mientras cursan la asignatura. Todos sus trabajos están en abierto posibilitando una proyección que va más allá de la clase.
  • Las actividades en abierto ofrecen la oportunidad de que el alumnado cree sus contenidos (webs, vídeos, investigaciones, exposiciones…), ofreciendo un valor que antes no teníamos.
  • El trabajo con un blog de aula colaborativo exige estructurar muy bien las actividades para que no haya dispersión sobre qué hacer y cuándo hacerlo.
  • Las actividades en abierto contribuyen a que el alumnado adquiera de forma real competencias tecnológicas.
  • La estructuración de las actividades en el blog permite el trabajo autónomo, tener ritmos distintos, no hacer todo el mundo lo mismo.
  • El planteamiento con trabajos requiere más esfuerzo del alumno que si hiciera exámenes pero obtiene más gratificación por el mismo.
  • El alumnado busca, comparte y utiliza recursos diferentes para las actividades de aula. Aprenden una forma de trabajar que es muy útil para evitar el “copiar y pegar” y realmente posibilitar el aprendizaje.
  • Las clases son más motivadoras, creativas e interesantes que las tradicionales expositivas.
  • Hay que mejorar el seguimiento de las actividades trasatlánticas; el trabajo en la distancia ofrece grandes posibilidades pero hay dificultades en coordinar un ritmo común a ambos centros.
  • La participación del alumnado comentando las tareas se puede mejorar.
  • Es necesario disponer de un cañón en clase y una conexión rápida a Internet. Falla demasiadas veces y perdemos mucho tiempo.
  • El próximo curso ampliaremos el uso de herramientas incorporando redes sociales, desde luego Twitter y quizás alguna otra.

¡¡ACTUALIZACIÓN!!

Jueves, 8 abril 2010
by Víctor Cuevas
14 Comments

Este chico es irrecuperable

En los veinte años que llevo trabajando en Educación he escuchado muchas veces la expresión “este chico es irrecuperable”.

El término lo he escuchado en la Escuela Infantil, en el Colegio y, desde luego, en el Instituto. Nunca me he resignado calificar a ninguna persona así, incluso cuando todas las evidencias parecieran decir lo contrario. Son mis principios, quizás ilusos, pero prefiero pecar de ilusión que de otra cosa.

Sin embargo, las primeras veces que escuché el término de “irrecuperable” referido a una persona fue en el ámbito de la educación no formal, trabajando con chavales en situación de riesgo social, que diríamos hoy. Hablo de finales de los años ochenta y el lenguaje todavía no era tan políticamente correcto. En aquellos años, a los chavales de barrios marginales, sin la titulación del Graduado Escolar, con fuertes problemas familiares y sociales, simplemente se les llamaba “marginales”, sin eufemismos pseudo-administrativos. Eran chavales jodidos por las vidas que les había tocado vivir, sumidos en la pobreza, las drogas y la delincuencia. Entonces, se hablaba de “inadaptación social” dando por hecho que no se “adaptaban a la sociedad que les tocaba vivir”. En aquellos años, en su mayoría, estos chavales marginales eran irrecuperables para la escuela formal, se les daba por perdidos y desde las asociaciones educativas no formales (hoy ONG), intentábamos un trabajo de recuperación integral de su autoestima y su dignidad.

El trabajo tenía pocos secretos: atención y relación personal con los chavales, búsqueda de implicación de las familias, enseñanza partiendo de sus intereses y capacidades, aprendizaje de normas y habilidades de convivencia y, paciencia, mucha paciencia. Todo esto en un formato de Aulas-Taller que combinaban los aprendizajes profesionales con los académicos. Por su puesto, nada de libros de texto ni de prácticas escolares como las vividas en la Escuela, sobre todo, por el enorme rechazo que ésta suscitaba y por la falta de adecuación a las necesidades de estos chavales. Además, los educadores (así nos llamábamos independientemente del papel que desempeñáramos) éramos escogidos con un estricto proceso que aseguraba una alta dósis de motivación para el trabajo, pasión por la Educación, tolerancia a las enormes dificultades que tendríamos por delante, y una alta dósis de utopía y preparación que incluía formación social, psicológica y pedagógica. Había que creer en el cambio, en el poder del ser humano. ¿Cómo si no trabajar con chavales marginales sin posibilidad alguna de éxito a cualquier nivel?

Nuestros chavales tenían problemas, problemas de todo tipo, que hacían de los estudios el último de sus intereses. Luchar contra las adicciones de sus padres, la exclusión de sus familias, sus problemas con la Justicia o la falta de vivienda no eran nuestro cometido pero teníamos que dar un mensaje de que la Educación era una esperanza para el cambio, incluso para quienes tenían interiorizado el “soy malo, me merezco esta mierda de vida que tengo”.

Entonces, cada vez que escuchaba que un chaval era “irrecuperable” era enorme la sensación de fracaso colectivo, de haber fallado, de no haber hecho lo suficiente. Pienso en Toñín, un chaval al que le di clase con 15 años y cuyos padres estaban enganchados a la heroína, malviviendo en una chabola; pienso en Manuel, con Sida; pienso al otros que ahora están muertos o en la cárcel…pero junto a ellos, estaban otros como Quique, que está casado y tiene una niña preciosa; está Ana, cuya discapacidad no le ha impedido casarse, tener su propia casa y su trabajo y otros muchos más que parecían sumidos en el pozo de las desgracias y ahora tienen sus vidas entre sus manos. Por ellos, por todos ellos, mereció la pena.

Cuando escucho, en la educación formal, muchos años después, que un chaval es irrecuperable porque estudia poco, porque se porta mal, porque tiene problemas de conducta, siempre pienso en aquellos que lo parecían y salieron adelante pero, sobre todo, pienso en todo lo que no hacemos para que salgan adelante simplemente porque el análisis del profesorado, en general, no va más allá del “estudian poco y la familia no colabora”. No sería justo, por otra parte, cargar sólo en el profesorado esta responsabilidad. La Administración educativa no contribuye, precisamente, con una adecuada selección y formación del profesorado, así como con los medios necesarios para poder desempeñar nuestro trabajo de forma exitosa. Tampoco nos ayudan con sus leyes y burocracias, con la organización de los centros, con la capacidad de autonomía para afrontar los problemas, es verdad.

Sin embargo, pretender con una enseñanza homogénea dar la misma recetas para todo el alumnado es una suicidio colectivo. Nuestra Escuela es diversa, plural, dinámica pero nos empeñamos en dar respuestas únicas a necesidades diversas. En cuento uno se sale del guión, es irrecuperable.

Decir que con doce años un chaval es irrecuperable es no creer en la condición humana, es no creer en el poder del cambio consustancial a la Educación, es renunciar a nuestra misión como educadores, como profesores. Me niego a ser funcionario de la educación, aunque sea un funcionario público; me niego a rebajar mi profesión al cumplimiento de unas horas de clase en las que cuento a todos lo mismo, aunque pase horas en las clases; me niego a creer en la fatalidad del destino para un porcentaje (cada vez mayor) de alumnos que pasan por el sistema con más pena que gloria.

Cuando decimos que un chaval es irrecuperable ponemos en evidencia nuestro fracaso colectivo.

Lunes, 22 marzo 2010
by Víctor Cuevas
8 Comments

La gallina no es un águila defectuosa

El pasado fin de semana del 12 al 14 de marzo se celebró en Sevilla el V Encuentro Nacional de Orientación bajo el lema “Educar y orientar en la diversidad”. El Encuentro tuvo de todo, como en botica, pero desde luego que fue una grata experiencia reencontrarme con compañeros a los que llevaba tiempo sin ver y poder intercambiar experiencias del trabajo. Voy a escribir varias entradas sobre los contenidos del Encuentro y hoy quiero empezar con Miguel Angel Santos Guerra, uno de los psicopedagogos más lúcidos de España, totalmente alejado del discurso neoliberal dominante, tanto en sus vertientes progresistas como conservadoras. Apasionado de la Escuela, Santos Guerra es maestro, profesor de Bachillerato, catedrático de la Universidad de Málaga y, sobre todo, es una persona profundamente humana. Compartió el Encuentro con nosotros los tres días, las cenas y los descansos, como uno más, algo que nunca había visto en los ponentes al uso. Por cierto, os recomiendo que sigáis su blog El Adarve.

La gallina no es un águila defectuosa

Miguel Ángel Santos Guerra me impactó por su mensaje claro, contunde y alejado de lo políticamente correcto, es decir, del pensamiento neoliberal que sacude al sistema educativo de arriba a abajo. Su defensa de la diversidad como valor en la Escuela fue contundente, apasionada y argumentada, salpicando su charla con fábulas que la hicieron amena. Santos Guerra conoce de primera mano a los orientadores porque su mujer lo es. Habló de la diversidad como una oportunidad para enriquecer a los alumnos y profesores pero citó que el currículo igual para todos sólo conduce a muchos de los alumnos al fracaso. Del papel de los orientadores en la Escuela enfatizó sobre la importancia de que seamos transformadores, que no nos instalemos en la queja, que sepamos emocionarnos en nuestro trabajo, que luchemos por la diversidad y la inclusión, que superemos los análisis simplones de los problemas escolares y que, finalmente, trabajemos en equipo siendo creativos. Me gustó que hiciera mucho hincapié en lo que podemos hacer y no en lo que no podemos hacer.

Una fábula del autor puede ilustrar el contenido de su intervención:

Cierta vez, los animales del bosque decidieron hacer algo para afrontar los problemas del mundo nuevo y organizaron una escuela. Adoptaron un currículum de actividades consistente en correr, trepar, nadar y volar y, para que fuera más fácil enseñarlo, todos los animales se inscribieron en todas las asignaturas.

Al terminar el año, un anguila anormal, que podía nadar de forma sobresaliente y también correr y trepar y volar un poco, obtuvo el promedio superior y la medalla al mejor alumno.

El pato era estudiante sobresaliente en la asignatura natación. De hecho, superior a su maestro. Obtuvo un suficiente en vuelo, pero en carrera resultó deficiente. Como era de aprendizaje lento en carrera tuvo que quedarse en la escuela después de hora y abandonar la natación para practicar la carrera. Estas ejercitaciones continuaron hasta que sus pies membranosos se desgastaron, y entonces pasó a ser alumno apenas mediano en natación. Pero la medianía se aceptaba en la escuela, de manera que a nadie le preocupó lo sucedido salvo, como es natural, al pato.

La liebre comenzó el cuso como el alumno más distinguido en carrera pero sufrió un colapso nervioso por exceso de trabajo en natación. La ardilla era sobresaliente en trepa, hasta que manifestó un síndrome de frustración en la clase de vuelo, donde su maestro le hacía comenzar desde el suelo, en vez de hacerlo desde la cima del árbol. Por último enfermó de calambres por exceso de esfuerzo, y entonces, la calificaron con 6 en trepa y con 4 en carrera.

El águila era un alumno problema y recibió malas notas en conducta. En el curso de trepa superaba a todos los demás en el ejercicio de subir hasta la copa del árbol, pero se obstinaba en hacerlo a su manera.

La diversidad no es una lacra sino un valor. Estamos creando una Escuela que tiende a homogeneizar a todos en sus caminos y en sus metas. El “niño tipo” en la Escuela es el varón, de raza blanca, que habla el lenguaje hegemónico, católico, payo, sano, vidente… los profesores preparamos la clase pensando en él, como si los demás no existieran. A los diferentes, les decimos que cambien, que se adapten, en vez de que sea la Escuela quien se adapte a su diferencia.

Las diferencias son consustancialmente humanas y la riqueza de las diferencias ha propiciado el progreso. Negar el valor de la diferencia sólo crea exclusión y fracaso. ¿Por qué no empeñarnos en crear una Escuela que permita a todos los alumnos aprender, respetarse y quererse? Como dice Santos Guerra, el pato se amarga en la Escuela, se desnaturaliza. Acaba nadando peor. Se compara con los que trepan y vuelan y se siente desgraciado. Incluso aprende a ridiculizar a quienes nadan peor que él. En definitiva, se convierte en una víctima.

Acabo con una reflexión que nos transmitió:

Es necesario que la institución educativa se abra al aprendizaje, que se haga preguntas, que sea sensible a la crítica, que analice sus prácticas. De lo contrario, estará condenada a la rutina, al individualismo y al fracaso. La Escuela no tiene sólo la tarea de enseñar. Para poder hacerlo adecuadamente, tiene que aprender. Las instituciones inteligentes aprenden siempre. Las otras, tratan de enseñar co excesiva frecuencia.

Si queréis descargar el libro El pato en la Escuela o el valor de la diversidad que recoge sus principales ideas sobre el tema, pinchad en el enlace siguiente.

El pato en la Escuela o el valor de la diversidad

Imagen: FlickrCC